El fracaso anunciado de “la consulta” (I)
El invento anterior salió bien, aunque el PLD no haya tenido buenos resultados en las elecciones. Su desplome tuvo que ver con otras razones, no necesariamente con lo que ocurrió en la consulta. El propósito de esa consulta era definir temprano la candidatura, y que al final esa decisión fuera respetada por todos, y esa parte se cumplió.
El argumento que se usó la primera vez para vender la idea de la necesidad de la consulta era atendible y convincente. Se alegaba que los otros dos principales partidos tenían la ventaja de que, en ambos casos, se sabía temprano quiénes serían los candidatos presidenciales. Se vislumbraba que Luis Abinader buscaría la reelección por el oficialista PRM y que Leonel Fernández sería el candidato de la Fuerza del Pueblo, como de hecho ocurrió.
El reto de los promotores de la consulta dependía del apoyo e involucramiento de los dirigentes y militantes, pero sobre todo de los aspirantes presidenciales. Y era un requisito vital que se diera un compromiso de que todos aceptarían los resultados de las votaciones. Todo eso se consiguió, por lo que el camino era expedito para un proceso que si bien no estaba amparado en ninguna legislación, tenía la legitimidad que le confería el consenso interno. También se logró el respaldo de la Junta Central Electoral para el montaje del proceso, incluida la facilitación de equipos. Es decir, la consulta de antes tenía todo lo que a este intento le faltaba.

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