Falta de coordinación interinstitucional hizo posible presuntos abusos en fundaciones de Haina
La falta de coordinación, seguimiento y supervisión entre las instituciones responsables de regular centros que albergan menores y personas con problemas de adicción habría creado las condiciones para que establecimientos en Haina continuaran funcionando pese a cuestionamientos sobre sus condiciones y posibles irregularidades, hasta que denuncias de presuntos abusos provocaron la intervención de las autoridades.
El caso más reciente es el de la Fundación Restaurando Vidas, ubicada en el sector La Pared, en Haina, y presidida por Ángel Gabriel Capellán, alias “El Pastor”, quien se encuentra bajo investigación por presunta trata infantil, agresiones físicas y explotación laboral.
La intervención no se produjo a raíz de una inspección ordinaria de los organismos responsables de supervisar estos espacios, sino después de que un niño de 12 años escapara del centro el pasado 28 de agosto y llegara hasta el destacamento policial de Hatillo.
De acuerdo con la denuncia que dio origen a las investigaciones, el menor aseguró haber sido víctima de golpizas, quemaduras, privación de alimentos y trabajos forzados de carpintería, labores que presuntamente le impedían asistir regularmente a la escuela.
Su fuga desencadenó la intervención de la Fiscalía de Niños, Niñas y Adolescentes de San Cristóbal y de la Dirección de Investigación de Trata y Tráfico de Personas. Como resultado, 13 menores fueron rescatados y Capellán fue detenido.
Un lugar que generaba sospechas
En las calles del sector La Pared, residentes aseguran que desde hacía tiempo existían dudas sobre lo que ocurría dentro de la finca donde funciona la fundación.
Vecinos del sector El Feliciano señalaron que el constante movimiento de niños, adolescentes y adultos entrando y saliendo del recinto, junto con las condiciones de la propiedad, despertaba sospechas en la comunidad.
Juan Carrasco, residente de la zona, aseguró que entre los vecinos se comentaba que podían estar ocurriendo situaciones irregulares, aunque reconoció que desconocían lo que sucedía dentro de la propiedad porque no tenían acceso al lugar.
El complejo se encuentra al final de un camino rodeado de cultivos de plátanos, en la calle La Feliciana. En su entrada se encuentra el templo identificado como “Fundación Restaurando Vidas: Un Muerto que Revive”.
El espacio está compuesto por varias construcciones de madera y zinc donde dormían y convivían los internos, además de una edificación de concreto de dos niveles.
Dentro del terreno también se encuentran una cocina, un depósito de leña y áreas con camas y camarotes. Pese a la cantidad de personas que permanecían allí, el lugar carecía de verjas, portones y otros controles perimetrales de acceso.
La familia niega las acusaciones
Mientras el Ministerio Público investiga las denuncias, la familia de Capellán rechaza que dentro de la fundación se produjeran los abusos señalados.
Zeneida, esposa de “El Pastor”, aseguró que las acusaciones son falsas y afirmó que los menores llegaban al lugar por decisión de sus propios padres, quienes buscaban ayuda para sus hijos.
También negó que existieran condiciones de hacinamiento o promiscuidad. Según su versión, las niñas y los varones permanecían en espacios separados y únicamente compartían determinadas actividades religiosas.
La esposa de Capellán sostuvo, además, que el funcionamiento de la fundación era conocido por las autoridades y afirmó que el Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (Conani) había realizado visitas al establecimiento.
Precisamente este señalamiento vuelve a colocar el foco sobre el papel desempeñado por las instituciones: si organismos estatales conocían la existencia del lugar y habían acudido previamente, queda por establecer qué encontraron, qué recomendaciones realizaron y qué seguimiento se dio posteriormente.
Padres aseguran que confiaban en el centro
Algunos padres de los menores que permanecían en la fundación también han salido en defensa de Capellán.
Aseguran que estaban conformes con que sus hijos permanecieran allí y describen a “El Pastor” como una persona que ayudaba a familias que no contaban con recursos suficientes.
Según sus testimonios, algunos padres recurrían al establecimiento porque necesitaban un lugar donde sus hijos pudieran permanecer mientras trabajaban, mientras que otros se encontraban en el extranjero.
Una de las madres que acudió a respaldar al pastor afirmó que tres de sus hijas estuvieron bajo el cuidado de la fundación y aseguró que recibieron buen trato.
La mujer, madre de una niña de ocho años que figura en el expediente del Ministerio Público, explicó que recurrió al centro ante las dificultades que enfrentaba para conseguir cupos escolares para sus hijas. Según relató, Capellán le ofreció una alternativa para que las menores recibieran educación y estuvieran cuidadas mientras ella trabajaba.
Hasta el momento, de acuerdo con la defensa, los padres no se han constituido en querellantes contra Capellán.
Sin embargo, el Ministerio Público sostiene que los menores son las presuntas víctimas de los hechos investigados, por lo que el proceso no depende únicamente de que sus progenitores presenten querellas.
Manifestaciones en respaldo a “El Pastor”
Familiares, amigos, feligreses y personas que aseguran haber sido beneficiadas por la fundación se dieron cita frente a la Fiscalía de San Cristóbal para exigir la liberación de Ángel Gabriel Capellán.
Entre oraciones y alabanzas, calificaron su apresamiento como una injusticia y cuestionaron que legisladores y otras figuras públicas hayan señalado al religioso antes de que concluya el proceso judicial.
Sus seguidores aseguran que Capellán se dedicaba a ayudar a personas de escasos recursos y sostienen que realizó labores sociales que, a su juicio, las autoridades no habían podido atender.
Durante la manifestación, un hombre ofreció su testimonio sobre su paso por uno de los centros vinculados al pastor. Relató que tenía problemas de adicción a las drogas y afirmó que logró abandonar el consumo después de permanecer en el establecimiento. Dijo que actualmente se encuentra rehabilitado, casado y viviendo junto a su esposa.
Los manifestantes reclamaron que Capellán sea liberado y pueda volver a operar los espacios donde, según ellos, atendía a niños, adultos y personas con problemas de adicción.
¿Quién debía supervisar?
Uno de los puntos que genera mayores interrogantes es el relacionado con los permisos y habilitaciones necesarios para operar establecimientos de esta naturaleza.
Al ser cuestionados sobre este aspecto, algunos seguidores de Capellán argumentaron que la ausencia de determinadas autorizaciones no justificaba, a su entender, el cierre del centro ni el apresamiento del pastor. Consideraron que, en caso de existir incumplimientos administrativos, las autoridades debieron imponer una multa o realizar una advertencia.
Sin embargo, estar constituido legalmente como una fundación sin fines de lucro no necesariamente equivale a estar habilitado para albergar menores, ofrecer servicios relacionados con adicciones o mantener personas internas bajo cuidado permanente.
Es precisamente ahí donde surge uno de los principales cuestionamientos del caso: qué institución conocía las actividades que se desarrollaban en estos establecimientos, cuáles los habían inspeccionado, qué irregularidades habían detectado y quién tenía la responsabilidad de darles seguimiento.
El proceso judicial continúa
El conocimiento de la medida de coerción contra Ángel Gabriel Capellán fue aplazado para el próximo jueves.
De acuerdo con su abogado, todavía deben realizarse evaluaciones a los niños involucrados en el proceso. La defensa también sostiene que ninguno de los padres se ha querellado contra su representado.
Mientras familiares y seguidores defienden la labor de “El Pastor”, el Ministerio Público mantiene su posición de que los niños son las presuntas víctimas y continúa investigando las denuncias de maltrato.
Más allá de determinar la responsabilidad penal individual de los involucrados, el caso deja abierta otra discusión: cómo establecimientos que recibían niños y personas vulnerables pudieron desarrollar sus actividades sin que existiera una respuesta coordinada y oportuna de todas las instituciones responsables de supervisarlos.
La denuncia del niño que logró escapar fue finalmente la que activó una intervención que permitió sacar a 13 menores del establecimiento. Ahora queda por determinar si las instituciones pudieron haber detectado antes las condiciones denunciadas y, sobre todo, si la falta de coordinación y seguimiento permitió que los presuntos abusos se prolongaran hasta que uno de los propios menores logró pedir ayuda.

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