Apagón nacional del 2025: crónica de una caída total del sistema eléctrico dominicano

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La tarde del martes de noviembre de 2025, República Dominicana vivió uno de los eventos más disruptivos de su historia reciente: un apagón nacional que paralizó al país sin previo aviso, sin tormenta y sin una explicación clara durante las primeras horas, y desde la 1:30 de la tarde comenzaron a multiplicarse los reportes en San Pedro de Macorís, Santiago, el Gran Santo Domingo y la región Sur, mientras las redes sociales mostraban semáforos apagados, oficinas detenidas y ascensores varados, en medio de un país que intentaba descifrar el origen de la interrupción masiva.

Minutos antes, a la 1:25 p. m., las subestaciones Paraíso e Isabela quedaron fuera de servicio. Esa desconexión dejó sin energía a las líneas 1 y 2 del Metro de Santo Domingo y al Teleférico, obligando a cientos de pasajeros a caminar por los túneles y a salir de las cabinas a oscuras. Poco después, el Ministerio de Energía y Minas y la Empresa de Transmisión Eléctrica Dominicana confirmaron que el país había sufrido un colapso completo del Sistema Eléctrico Nacional Interconectado. La falla se habría originado en una barra de 138 kilovoltios en San Pedro de Macorís que, al desconectarse, generó una reacción en cadena.

El ministro Joel Santos explicó que se trató de una avería técnica imprevista y aseguró que no existía evidencia de sabotaje, aunque se iniciaría una revisión integral de la red de transmisión.

La caída de esa línea provocó la salida automática de varias plantas de generación en Quisqueya y la región Este. En cuestión de minutos, el país quedó operando con menos del 15 % de su capacidad habitual. Durante las primeras horas del apagón, apenas unos 450 megavatios se mantenían en línea, una cifra mínima para una nación cuya demanda diaria ronda entre 3,000 y 4,000 megavatios.

La recuperación: lenta para algunos, necesaria para los técnicos

Aunque para la población la recuperación pareció lenta, especialistas explicaron que restablecer un sistema eléctrico nacional no es un proceso inmediato. Hacerlo demasiado rápido podría causar un nuevo colapso. El director del Instituto de Energía de la UASD, José Luis Moreno San Juan, señaló que la restauración en unas quince horas fue técnicamente impecable, ya que reconstruir el sistema sin controlar los flujos y tensiones podría llevar a otra caída total.

Recordó que, en países como República Dominicana, el retorno a la normalidad suele tomar entre 18 y 24 horas, por lo que lo ocurrido en este caso fue incluso más rápido de lo esperado.

La polémica por el “error humano” y el choque de versiones oficiales

La tranquilidad duró poco. Al día siguiente, surgió una versión distinta desde el propio Ministerio de Energía y Minas. La viceministra de Innovación y Transición Energética, Betty Soto, aseguró que el Comité de Faltas había concluido que todo se originó por un error humano: un operador habría manipulado la cuchilla equivocada en la subestación de San Pedro de Macorís mientras realizaba un cambio en una línea de tensión. Según su declaración, esa acción provocó la salida abrupta de la línea de 138 kilovoltios y desencadenó la caída del sistema.

El ministro Joel Santos reaccionó de inmediato y negó públicamente esa afirmación. Aseguró que el Gobierno no había emitido ningún informe final y calificó como falsos los documentos que circulaban atribuyendo el apagón a un operador. Mientras tanto, investigaciones independientes del Instituto de Energía de la UASD coincidieron en que la falla inicial sí fue consecuencia de una maniobra operativa incorrecta realizada durante trabajos de mantenimiento.

Explicaron que, en lugar de abrir la seccionadora adecuada, el técnico habría abierto la que alimentaba San Pedro, por donde circulaban aproximadamente 500 megavatios. Sin embargo, los especialistas todavía no logran determinar por qué la falla no se contuvo en ese punto y por qué terminó provocando un disparo en cascada que dejó sin tensión a subestaciones más distantes.

Dentro del análisis técnico, se destacó el papel de la unidad 2 de Punta Catalina, que permitió estabilizar parcialmente el sistema en medio del colapso. Sin su aporte, señalaron los expertos, el blackout habría sido mucho más severo. La unidad 1 continuaba fuera de servicio por una avería en la caldera, lo que evidencia la importancia de mantener infraestructura crítica operativa en momentos de crisis.

Cuatro décadas de apagones generales: más de 80 colapsos desde los años 80

Aunque el apagón de 2025 generó sorpresa, los registros muestran que República Dominicana ha vivido más de 80 apagones generales desde finales de los años 80. La década de 1988 a 1998 estuvo marcada por fallas recurrentes, crisis de mantenimiento, déficit de combustible y una infraestructura débil. En 1988 se registraron nueve apagones nacionales; en 1989 fueron doce; en 1990, siete; y en 1991, tres.

En 1994, año electoral, el sistema colapsó tres veces. En 2000, ya bajo el modelo de capitalización, se registraron ocho apagones nacionales pese a nuevas inversiones. En los años siguientes continuaron los colapsos, destacándose los diez apagones generales de 2004 y los cinco de 2005. Desde el 17 de mayo de 2015 no se registraba un apagón de esta magnitud, lo que demuestra que, aunque el sistema ha mejorado, continúan existiendo vulnerabilidades estructurales.

Los apagones no son solo un problema dominicano

El apagón dominicano se suma a una ola de eventos similares registrados en distintos países durante 2025. En España, Portugal y zonas del sur de Francia, un fallo que provocó la pérdida súbita de más de 2,000 megavatios dejó a millones de personas sin servicio eléctrico el 28 de abril. En Chile, el 25 de febrero, una falla en una línea de transmisión de 500 kilovoltios afectó al 90 % del territorio nacional, paralizando sectores estratégicos como la minería

. En Brasil, un incendio en un reactor de la subestación Bateias, en Paraná, dejó sin energía a los 26 estados y al Distrito Federal por lapsos que variaron entre minutos y más de dos horas. Todos los casos, al igual que el dominicano, evidenciaron fallos de protección, debilidades operativas y la necesidad de aumentar la resiliencia de las redes eléctricas.

El Instituto de Energía de la UASD reiteró la necesidad de instalar sistemas de almacenamiento de energía con baterías de gran capacidad en puntos estratégicos de la red. Entre las zonas recomendadas se encuentran Cabreto, el 15 de Azua y Navarrete. Estos sistemas permitirían absorber fluctuaciones de tensión, estabilizar el flujo eléctrico y evitar que una falla localizada provoque un colapso nacional.

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