Alocución íntegra del presidente Luis Abinader en la CELAC

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Alocución integra del presidente Luis Abinader en la CELAC

Señoras y señores,

Empiezo por saludar y agradecer la encomiable labor del gobierno argentino, y en particular de nuestro amigo Alberto Fernández, que ha dado continuidad al exitoso trabajo de rescate de esta Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe, iniciado por el gobierno mexicano en el período anterior.

Estimados colegas, nuestra región cuenta con un legado heroico de lucha por la libertad, la democracia y los derechos humanos. También es una región que ha alcanzado un importante grado de paz y estabilidad, lo que nos ha permitido en mayor o menor medida enfocarnos en el desarrollo humano y el progreso social de nuestros ciudadanos.

Otra impronta de nuestra región es un fuerte compromiso con el derecho internacional y la integración regional. La CELAC y otras organizaciones regionales como la OEA, el SICA, la AEC, el CARICOM, el MERCOSUR, la CAN, etc., son bastiones de las conquistas democráticas de nuestros pueblos.

Es nuestra obligación como Comunidad de Estados latinoamericanos y caribeños condenar los actos violentos y vandálicos contra el gobierno legítimo y constitucional del presidente Lula en Brasil, que buscaban subvertir la voluntad expresada libremente en las urnas por el pueblo brasileño.

Debemos dejar claro que un proceso electoral libre, justo y competitivo es el único camino para el establecimiento de un gobierno legítimo. Como comunidad, tenemos la responsabilidad de defender la soberanía de los pueblos y promover la integración regional basada en principios y valores.

Es necesario que hablemos con firmeza y convicción sobre la defensa de los principios democráticos y que profundicemos en un diálogo sincero y bien documentado para sacar enseñanzas positivas y mejorar la confianza y cooperación entre los países de la región.

Estimados colegas,

La invasión a Ucrania, que el Papa Francisco ha llamado “mini guerra mundial”, es un desafío adicional para todo el mundo. Sus estragos amenazan la estabilidad global, avivando los conflictos ideológicos, promoviendo una nueva carrera armamentista y generando inseguridad alimenticia. La CELAC debe hacer un llamado a la paz y exigir que se trabaje seriamente para detener los horrores de una guerra que sigue causando estragos sobre poblaciones que no merecen pagar el precio de conflictos ajenos.

En lo que respecta a nuestra región, no puedo dejar de recordarles la situación que padece el pueblo haitiano, de todos conocida, pero que no deja de agravarse.

Urgimos a que empiece a operar formalmente el comité de sanciones establecido en las resoluciones 2645 y 2653 del Consejo de Seguridad de la ONU, para que las medidas que unilateralmente han tomado algunos Estados puedan estar respaldadas por el marco vinculante del derecho internacional.

Estas acciones han sido los primeros pasos para ayudar a las autoridades haitianas a restaurar el orden en su país. Sin embargo, aún no se ha respondido al llamado del gobierno para crear una fuerza militar robusta que permita a la Policía Nacional Haitiana confrontar en mejores condiciones a las organizaciones criminales que hoy día controlan entre un 60% y un 70% de Puerto Príncipe y que siembran la inseguridad y el desasosiego de un pueblo que reclama el derecho de vivir en paz. 

Sin esa ayuda, podemos estar seguros de que seguiremos lamentándonos de los sufrimientos que aquejan a Haití.

Recientemente el gobierno haitiano ha publicado un llamado al “Consenso por una Transición Inclusiva y Elecciones Transparentes”, que, si bien aún no ha logrado el acuerdo de todas las fuerzas políticas, esta Comunidad debería abogar para que se amplía ese llamado para que pueda ser el primer paso hacia un diálogo nacional que permita completar una propuesta de salida auténticamente haitiana.

De nuestra parte, reiteramos que República Dominicana seguirá ofreciendo todo el apoyo que esté a nuestro alcance, pero no está en nuestras manos la solución a tan grave problema.

Amigas y amigos,

No es tiempo de escudriñar en las diferencias, sino de reforzar los valores y principios que dieron origen a la creación de este importante espacio. No nos llamemos a engaño, la única forma de alcanzar mejores condiciones en este mundo convulso es reforzando los espacios multilaterales, que permitan consolidar nuestras posiciones frente al resto de la comunidad internacional.

Podemos empezar por iniciar un proceso de actualización y modernización, por ejemplo, de los acuerdos comerciales que garanticen un incremento sustancial de nuestros intercambios comerciales. Estos han probado ser en otras latitudes una de las columnas para consolidar la integración regional que es uno de los sueños más codiciados desde la fundación de nuestras naciones.

Pero no podemos olvidar nuestro rico patrimonio cultural, una de las mayores riquezas de esta Comunidad, cuya diversidad le otorga fuerza para servir como un recurso que facilite el encuentro entre los pueblos, si bien es cierto que entre nosotros existe diversidad y hasta divergencias, contamos con procesos históricos muy similares, que nos han llevado a coexistir más allá de las particularidades lingüísticas, religiosas o étnicas.

Ante este panorama desafiante, debemos seguir trabajando con valentía, determinación y unidad para defender nuestros principios y valores, y para proteger a nuestros pueblos de la violencia, la opresión y la injusticia.

América Latina y el Caribe es una región de pueblos valerosos y tesoneros. Juntos, podemos superar cualquier desafío y construir un futuro próspero y justo para todos.

Eso demandan nuestros pueblos y ese debe ser nuestro único compromiso.

Muchas gracias.

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