Conoció a una enfermera, se enamoró y sufrió una estafa monumental de más de 200 mil dólares

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Conoció a una enfermera, se enamoró y sufrió una estafa monumental de más de 200 mil dólares

Las historias de estafas en sitios de citas están a la orden del día. El amor puede llegar a enceguecer a cualquier hombre o mujer, al punto de entregar grandes sumas de dinero. Y es justamente lo que le sucedió a un ingeniero tras enamorarse de una supuesta enfermera a la que conoció en las redes sociales.

El protagonista de esta historia es John Rousakis, un ingeniero en robótica de Reino Unido que quedó perdidamente deslumbrante con una “enfermera” morena canadiense llamada Esther Anderson… o al menos eso le hizo creer.

La relación del hombre de 43 años con la joven fue subiendo de tono, se sentían muy cercanos al punto de que al cabo de 12 meses mantenían charlas diarias y él pensaba que estaba enamorado.

Engaño y estafa monumental

Cuando comenzó la relación a través de la web de citas match.com, jamás pensó que terminaría siendo estafado por nada menos que a quien conoció en línea… solo para ser estafado por unos 210.000 dólares.

De movida, la atrapante foto que recibió de Esther era falsa. Tan falsos e insólitos como fueron sus gritos de ayuda y las locas historias de haber sido encarcelada por contrabando de oro.

Pero cada vez que Esther pedía ayuda, John acudía a su rescate y transfería dinero de su cuenta, creyendo incluso que se convertiría en el propietario de dos lingotes de oro de 12,03 kilogramos por un valor de 1,5 millón de dólares, difunde Mirror.

La ceguera -o quizás ambición- de John llegó a tal punto que como sucedió en la serie El estafador de Tinder, terminó pidiendo préstamos para darle a Esther 105.000 dólares, más otra suma similar prestadas por su padre.

A John, con una maestría en ingeniería y robótica y un coeficiente intelectual de más de 135, le enviaron recibos por el oro. Pero, como era de esperar, eran completamente ficticios.

A medida que el romance se intensificaba a través de mensajes de texto y FaceTime, Esther le dijo a John que se mudaría a Lincoln para estar con él.

Ayuda inocente y argumento de película

Los días y meses fueron transcurriendo, y Esther comenzó a pedirle 520 dólares al mes para comida porque estaba desesperada. John jamás dudó y siempre cumplió, incluso durante los meses en que sus cuentas estaban en rojo.

“Siempre trato de ayudar a las personas que me rodean. Me sentí mal y envié el dinero. Ella me dijo 'Gracias, mi amor, no puedo esperar para venir a conocerte'. ¿Cómo se sentiría alguien cuando escucha palabras afectuosas?”, contó incrédulo.

Pero la estafa dio un giro de 180 grados cuando Esther contó que era voluntaria y que se dirigía a África para ayudar a construir un hospital infantil, y que luego visitaría a su madre en Ghana antes de volar a ver a John a Inglaterra.

Y fue entonces cuando al cabo de unos días Esther afirmó haber sido encarcelada por ocultar los lingotes de oro en el país africano. ¿Qué siguió? El pedido de dinero a John para pagar la tasa judicial y ser liberada de la cárcel. Y hasta envió cartas y documentación solicitando más dinero para liberar el oro.

La excusa era simple: si pagaba a los funcionarios, podría quedarse con el oro, venderlo y devolverle cada centavo prestado.

Sacó cuatro préstamos

Pero lejos de detenerse, la demandada siguió aumentando. Y John siguió pagando con la esperanza de que en algún momento pudiera recuperar su dinero. “Resulta que todo fue una estafa”, admite hoy con profundo dolor.

El ingeniero sacó cuatro préstamos para liberar el oro y transferirlo a su nombre. “Solo envié grandes sumas de dinero a los abogados y la Policía. Pensé que estaba tratando con personas oficiales. Incluso recibí placas de policía, pasaportes, todo que certificaba", remarca la víctima.

Se le envió un certificado de Straw P. Beachland Gold Mines Limited que acreditaba que era poseedor de los dos lingotes de oro y recibos en diferentes meses que reconocían los préstamos.

Luego de lo que parecía una aparente historia de amor, Esther se esfumó. “Lo mantuvieron funcionando durante un año. hablábamos a diario. En un momento le había entregado el dinero por el oro. Me hicieron una cuenta bancaria. Todo estaba tan bien planeado que es asombroso”, destaca como si se tratara de una película.

Con la suma prestada por el padre de John, la familia terminó con una deuda de 210.000 dólares. "Estoy acostumbrado a que me usen y se vio afectada mi salud mental", reconoce quien llegó a Reino Unido desde Grecia en 2010, tres años después de sufrir serias lesiones en un accidente automovilístico.

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